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Hacia finales de 1810, un sentimiento de necesidad de la libertad surgió entre la gente de América Central y el momento de romper las cadenas de la esclavitud llegó en la madrugada del 5 de noviembre de 1811, cuando el sacerdote salvadoreño José Matías Delgado, sonaron las campanas de la Iglesia La Merced en San Salvador, haciendo un llamamiento a la insurrección.

Después de muchas luchas internas, el Acta de Independencia (Acta de la Independencia), de América Central fue firmado en Guatemala el 15 de septiembre de 1821.

En diciembre de 1931, el incompetente y corrupto régimen del Partido Laborista, encabezado por Manuel Araujo, fue derrocado y el general Maximiliano Hernández Martínez asumió la presidencia.

Las elecciones fraudulentas de enero de 1932 fueron el factor detonante del estallido social. Varios sitios de votación fueron suspendidos en poblaciones en las que el Partido Comunista tenía una fuerte presencia.

Comenzó una nueva insurrección. Después de dos ataques frustrados en el Cuartel de Caballería (Cuarto de Caballería) se llevaron a cabo por las fuerzas rebeldes, el gobierno ordenó la ley marcial.

Estricta censura de la prensa se puso en práctica. En los días siguientes a miles de agricultores y trabajadores, con machetes y algunos pocos “Mauser” fusiles atacaron estaciones de policía, oficinas municipales, estaciones de telégrafos, almacenes, y ricos propietarios de tierras de propiedades. Esta insurrección fue aplastada.

El 31 de enero, Manuel Antonio Castañeda Farabundo Martí condenado a muerte. Fue muerto a tiros el 1 de febrero de 1932.

En los próximos decenios, muchos golpes de estados, entre ellos el que derrocó al General Maximiliano Hernández Martínez.