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El aprovechamiento de los enormes beneficios que el puerto puede dar al país requiere elevar los ojos de estas visiones pueblerinas y comprender que dichos beneficios vendrán sólo si un operador de clase mundial convierte La Unión en un puerto de nivel mundial.

Con un operador de este tipo, hablar del puerto es hablar de industrias, servicios, progreso económico. Manejado por el Estado, es hablar de grúas, estibadores y de la mediocridad que siempre ha acompañado a Acajutla.

No hay duda que hay un interés legítimo en el Estado salvadoreño de participar en el manejo del puerto, pero también el Estado tiene intereses legítimos en mantener esta participación dentro de límites razonables.

Estos son la falta de capacidad de introducir a La Unión en las redes mundiales de transporte, y la falta de capital para realizar las enormes inversiones, que son necesarias para que nuestros puertos tengan instalaciones de nivel mundial.

El esquema de propiedad mixta con 10 por ciento del gobierno y 90 por ciento de un gestor de puertos con conexiones mundiales, es un buen compromiso que permite la participación del Estado en el manejo sin volverlo ineficiente por falta de capital humano o monetario.

Prometer que ahora el Estado va a hacer lo que nunca pudo hacer con Acajutla, o pretender contra toda evidencia que sí lo hizo, demuestra una falta completa de entendimiento de lo que significa manejar un puerto.